Este 14 de septiembre es el aniversario luctuoso número 28 de uno de los máximos exponentes del mambo: el cubano Dámaso Pérez.

Músico, arreglista, director de orquesta y compositor, Pérez Prado fue el responsable de la popularización del mambo al fusionarlo con ritmos afrocubanos y el swing. Su influencia en el género fue tal que es considerado el “rey del mambo”.

Hay al menos cinco fechas tentativas de su nacimiento, la más certera que se estima es el 11 de diciembre de 1916.

Nació en Matanzas Cuba, donde estudió piano y tuvo sus inicios profesionales en orquestas locales.

En 1940 se trasladó a La Habana, donde consigue lugar en grupos musicales que tocaban en famosos salones de la época y formó parte de la más popular orquesta cubana: Casino de la Playa.

Seis años después salió de Cuba con destino a México, donde fundó su primera orquesta y se convirtió en el máximo exponente del mambo a nivel internacional.

Su obra fue tan amplia que optó por llamar algunos de sus temas con número en lugar de nombre.

Algunas de sus canciones más conocidas son “Qué rico mambo”, “Mambo No. 5”, “Mambo No. 8”, y “Patricia”, tema que formó parte de la banda sonora de la película “La dolce vita” de Federico Fellini.

Su éxito no se limitó a presentaciones, pues también incursionó en el cine, sobre todo en el mexicano. Formó parte de un total de 122 películas, entre ellas “Al son del mambo”, “Amor perdido”, “La niña Popoff”, “México nunca duerme”, “Perdida”, “Salón de baile”, entre otras.

Fiel a su visión, Pérez Prado experimentó con otros géneros después del boom que tuvo el mambo a nivel internacional. Compuso y grabó sinfonías y jazz, con el fin de encontrar un ritmo tan popular como el mambo. Nunca lo consiguió.

Una de las anécdotas más polémicas en torno a Dámaso Pérez Prado es la de la creación de una versión en mambo del Himno Nacional Mexicano, lo cual es considerado un crimen en el país.

A pesar de que no se tiene registro de la partitura o alguna grabación que lo confirme, hay versiones que atribuyen este hecho a su deportación de México en el 53’.

Años después regresó a México y consiguió la nacionalidad. Vivió ahí el resto de sus días.

Falleció de un paro cardíaco el 14 de septiembre de 1989 a la edad de 72 años.

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