Las impactantes escenas del sismo ocurrido en México el pasado 19 de septiembre no sólo causaron asombro y terror en la población de distintas partes del mundo, sino también la alarma de la comunidad científica en Latinoamérica ante el aumento de la actividad sísmica en esta región del planeta.

En lo últimos meses han ocurrido sismos no sólo de baja intensidad, sino temblores que superan los 4 y 5 grados de magnitud en países como Guatemala, Ecuador, Argentina, Chile, Costa Rica y otras nacionalidades del continente.

¿A qué se debe? La respuesta parece llevar por nombre “El Anillo de Fuego”.

El turbulento “Anillo de Fuego”

Con este exótico nombre se bautizó a toda una enorme falla de placas terrestres, alineadas de forma redonda, que abarcan parte del territorio asiático y americano.

Esta falla es la causa de que la actividad sísmica de las zonas por las que pasa sea constante e intensa.

Los territorios que se encuentran dentro del “Anillo de Fuego” concentran el 80 por ciento de los sismos del planeta.

Hay que destacar un fenómeno que ocurre en esa línea: cuando ocurre un sismo, generalmente, afecta a otro país que se encuentra dentro del “anillo”.

Esto quedó debidamente demostrado tras los sismos de México, ya que días después ocurrieron terremotos en Perú y Japón.

Las placas tectónicas que se encuentran dentro de las zonas pertenecientes al “Anillo de Fuego” están en constante movimiento, provocando fricciones y la respectiva acumulación de tensión.

Llega un momento en el que una de las placas sede a la otra y libera energía, originando sismos de diversas magnitudes.

Es parecido a cuando queremos mover un objeto, pero éste queda atorado. Al seguir jalando con más fuerza logramos moverlo, pero con energía liberada ya sea moviendo la superficie en la que se encontraba atascado o el movimiento físico de nosotros al lograr liberarlo.

La particularidad de la zona del “Anillo de Fuego” es que las placas se mueven a gran velocidad, acumulando gran tensión, favoreciendo sismos de grandes proporciones.

Aumento de actividad en el “Anillo de Fuego”

Tal parece que el sismo del 7 de septiembre de México representó la confirmación del aumento de actividad sísmica en la zona, generando una serie de movimientos telúricos en Latinoamérica y el resto de las regiones incluidas en la zona del “Anillo de Fuego”.

A partir de esa fecha, los sismos por encima de los 4.5 grados de intensidad, han ido en aumento en la región latinoamericana del “Cinturón de Fuego”, aquí el desglose de estos eventos.

De estos sismos, sólo 2 de México y uno de Costa Rica dejaron saldos mortales: 100 víctimas fatales resultaron del sismo del 7 de septiembre, 369 del temblor del 19 del mismo mes y 2 más del ocurrido en territorio tico el pasado 12 de noviembre.

Afortunadamente, las autoridades y la población civil han tomado consciencia del riesgo sísmico que hay en Latinoamérica, lo que ayudó a que el número de muertos no haya sido mayor.

¿Hay riesgo de un sismo de grandes proporciones en Latinoamérica?

Diversos especialistas han afirmado una y otra vez que los sismos no pueden predecirse, pero en el caso de México los investigadores mexicanos tienen preocupación por la falta de liberación de energía de la llamada “Brecha de Guerrero”, ubicada en el estado del mismo nombre al sur del país azteca.

Si se genera un sismo con epicentro en esa zona podría ser superior a los 8 grados de intensidad, aunque nuevamente: no hay manera de predecir un sismo.

Por otro lado, los investigadores Roger Bilham, de la Universidad de Colorado, y Rebecca Bendick, de la Universidad de Montana, coinciden en que 2018 será un año que traerá más sismos y de mayor intensidad.

Este fenómeno se debe, según ambos especialistas, a un proceso de variación en el movimiento de rotación de la Tierra.

La evidencia sugiere que “el próximo año deberíamos ver un aumento significativo en el número de terremotos fuertes”, indicó Bilham.

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